El poblamiento del territorio de Parma y Piacenza se remonta
a épocas antiguas: las primeras presencias humanas son
del Paleolítico (100.000-35.000 años atrás).
Algunos restos paleolíticos y neolíticos, que
demuestran la existencia de asentamientos prehistóricos
en los valles placentinos, se encuentran expuestos en los museos
de Travo y de Pianello Val Tidone. La zona presenta particulares
asentamientos cuadrangulares dispuestos sobre un terreno
fértil protegido por un terraplén y unido a un
curso de agua mediante un foso- conocidos como cúmulos
de la Edad del Bronce. De todos modos, es la tribu de los Ligures
la que ha dejado testimonios más importantes en la zona.
Esta presencia continuó en las pendientes de los Apeninos
incluso cuando, en el siglo IV a.C., el territorio fue ocupado
por tribus celtas. Más tarde, en el siglo II a. C. tanto
los unos como los otros fueron conquistados por los romanos.
Estos últimos dieron inicio a la subdivisión del
territorio en Centurias, a la construcción de la vía
Aemilia (187) importante arteria que une Rímini,
la terminación de la vía Flaminia, y Piacenza-
a lo largo de la cual florecieron los principales asentamientos
(la fundación de Piacenza, para controlar el vado del
Po, se produjo en el año 218 a.C. y la de Parma unos
treinta años más tarde) y, en 148 a.C., a la construcción
de la vía Postumia, que unía Emilia con el mar
de Liguria.
La convivencia de la originaria cepa céltica con los
recién llegados no estuo libre de fricciones, pero de
todos modos los romanos supieron valorar la tradicional habilidad
de las tribus transalpinas en la cría de cerdos y en
la elaboración de la carne, transformando esta zona y
sus cercanías en un verdadero frigorífico, del
cual provenían anualmente nada menos que 3-4.000 piezas
de carne salada destinadas a la capital (Catón el Censor).
Fue probablemente en el siglo II a. C. cuando los Romanos vencida
la tribu ligur de los Veleiati- fundaron Veleia,
en el valle del río Arda, uno de los principales yacimientos
arqueológicos del Norte de Italia. A la caída
del Imperio Romano siguió la conquista lombarda (a mediados
del siglo VI), que dejó rastros y características
muy evidentes en la cultura de la zona, tanto desde el punto
de vista material como político. Y es en este momento
cuando, con la decadencia de la red vial romana, se delinea
la nueva vía Francigena, a lo largo de la
cual las poblaciones originarias se mezclaron con aquellas que
la recorrieron durante siglos, atravesando Italia. Ha sido precisamente
a lo largo de este camino donde se han producido, en el curso
del tiempo, aquellos intercambios de los que aún hoy
encontramos vestigios, tanto en los numerosos términos
y expresiones lombardas, ligures o toscanas, como en las palabras
francesas y españolas presentes en los dialectos locales.
POBLACIÓN
La población de las dos provincias supera las 650.000
personas, con una densidad de más de 100 habitantes por
km2. Esta densidad, sin embargo, presenta características
muy diferenciadas entre las vastas áreas montañosas
(más del 45% del territorio), en las cuales se alcanza
un promedio apenas superior a los 26 hab./km2, y las de la llanura,
en las cuales residen más de 600 hab./km2. En las zonas
recorridas por la vía Francigena, la población
es de aproximadamente 410.000 habitantes.
ORDENACIÓN DEL TERRITORIO
El trayecto de la vía Francigena atraviesa
en dirección norte-sur las provincias de Piacenza y Parma,
cuya frontera sigue una línea marcada en la llanura por
un tramo del torrente Ongina, a continuación por un tramo
del torrente Stirone y luego por la sinuosa línea que
separa el monte Bue (1.777 m) del monte Poggiolacci (501 m).
Los municipios son, sucesivamente: Calendasco, Castel San Giovanni,
Rottofreno, Piacenza, Pontenure, Cadeo, Fiorenzuola dArda,
Alseno, CastellArquato, Lugagnano Val dArda y Vernasca,
Fidenza, Noceto, Medesano, Fornovo Taro, Terenzo, Berceto, Parma,
Collecchio, Sala Baganza, Bardi y Borgo Val di Taro. Los centros
principales, además de las dos capitales de provincia,
son Fiorenzuola dArda y Fidenza, pequeñas ciudades
ubicadas sobre la vía Emilia. La distancia entre ambas
es de 14 km, múltiplo de los aproximadamente 700 m que
marcaban los límites de la mencionada centuria romana,
que ha dejado rastros inconfundibles en la organización
de los asentamientos en esta parte del territorio.