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La
tradición hospitalaria de las vías
de peregrinación es ya anterior al
cristianismo y en el occidente cristiano
es de raíz evangélica (Era
peregrino y me acogisteis..., Mt-25,35)
y alcanzará el rango de obra
de misericordia. Está, además,
en el origen mismo de la peregrinación
a Roma y a Santiago y contribuyó
de manera muy notable a difundirla y hacerla
posible. Instituciones eclesiásticas
(monasterios, parroquias, cofradías)
y civiles (reyes, nobles, ayuntamientos)
completaron la actividad de personas singulares
y anónimas, con sus fundaciones específicas
o con la actividad ordinaria de mesones,
posadas y familias particulares.
Tradicionalmente, las dificultades en el
recorrido peregrino fueron numerosas: la
propria dureza del Camino, inclemencias
del tiempo, guerras y bandidos, fraudes
y engaños, diferencias culturales
y lingüisticas...La hospitalidad fue
el gran bálsamo que guarizó
muchas de estas dificultades y se extendió
más allá de alojamientos y
restauración, abarcando campos como
la protección, la construcción
de puentes y calzadas y la información
y trabajo asistencial de numerosas instituciones
y personas.
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