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| La
hospitalidad de los tiempos perdidos |
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Una antigua tradición parmesana,
muy sentida aún, que probablemente se remonta a las
fiestas paganas del solsticio de verano, es la de recoger
rocío en la noche de San Juan (23 de junio) mientras
se comen los típicos tortelli de acelga,
foghè in-t-al buter e sughè col formaj
(mojados con manteca y secados con queso). En algunas zonas
de montaña de las dos provincias aún se puede
asistir, en la noche del 30 de abril, a la fiesta de Carlin
di maggio y de Calendimaggio. En efecto,
aquí subsiste aún la tradición de celebrar,
al inicio del mes de mayo, la llegada de la primavera que,
para los campesinos, señalaba el comienzo de un nuevo
ciclo de las estaciones. Se trata de una fiesta particular
que hunde sus raíces en una época más
arcaica, en la cual la supervivencia del hombre dependía
en gran parte del trabajo en el campo y de la sucesión
de las estaciones. Otras ocasiones de solemnes comidas están
representadas por las llamadas Sagre, ferias populares
frecuentemente relacionadas con la producción local.
En septiembre, por ejemplo, en Berceto y en Borgo Val di Taro
se organizan las ferias del hongo boleto, y en Collecchio
se lleva cabo la famosa Feria de la Cruz, que
evoca el retorno de un cruzado desde Tierra Santa a través
de la vía Francigena.
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