Los Caminos de Santiago y La Via Francigena Hacia mediados
del siglo I, el Apóstol Santiago inicia la predicación
del cristianismo en España. Tras su martirio en Palestina,
sus discípulos trasladan sus restos a Galicia. Poco después,
el Apóstol Pedro se instala en Roma, que queda convertida
en Sede de la Cristiandad. Ocho siglos después, en el
primer tercio del siglo IX, el Obispo gallego de Iria Flavia,
Teodomiro, y el rey de Asturias, Alfonso II el Casto, descubren
en un bosque, al pié de una vieja calzada romana, la
tumba del Apóstol Santiago. Nace así Compostela,
y con ella, las peregrinaciones jacobeas y el Camino de Santiago.
Un siglo después llegará el primer peregrino europeo
conocido, el francés Gotescalco, obispo de Le Puy.
En este mismo siglo, año 990, el Arzobispo de Canterbury,
Sigeric, peregrina a Roma, donde se encuentra con el Papa Juan
XV, y, a su regreso, escribe un diario de su viaje. Es el primer
testimonio histórico de la Vía Francígena.
Ambas rutas configurarán los dos más importantes
itinerarios de peregrinación del occidente cristiano.
Tendrán, pues, muchos aspectos, dimensiones y sensibilidades
comunes, pero, además, tendrán también
en común una parte muy notable de su propio recorrido,
porque, a través del camino de Arlés y las rutas
del sur de Francia, se produce el enlace de ambas vías,
de forma que el Camino de Santiago, recorrido aquí en
sentido contrario, es Camino de Roma y este último, hecho
de sur a norte, es auténtico Camino de Santiago.
En la Historia de ambas rutas de peregrinación no llegó
a haber verdaderas interrupciones, pero sí períodos
de auge y decadencia que, curiosamente, guardan un notable paralelismo
con los momentos de mayor integración o de mayor ruptura
europea. En este final y principio de milenio, ambos caminos,
declarados por el Consejo de Europa ITINERARIOS CULTURALES EUROPEOS,
viven momentos de particular actualidad. A la proximidad y la
potencia espiritual de sus respectivos Años Santos, se
une la fuerza de determinadas tendencias turísticas actuales:
el interés por el patrimonio cultural, la naturaleza
y el senderismo, una nueva valoración del arte, la cultura
y la religiosidad popular, el aprecio por la gastronomía
y los valores locales..., todo ello dentro del más fuerte
de los movimientos de integración que conoce Europa desde
la Edad media.
Actualmente son muchos los miles de personas que, a pie o en
bici (algunos, incluso, a caballo), formas tradicionales de
peregrinación especialmente reconocidas, junto con otras
muchas más en automóvil, bus u otros medios, recorren
estas vías con el espíritu de los antiguos peregrinos,
reforzado con motivaciones culturales y turísticas, y
que buscan en estos viejos caminos unos itinerarios o unas vacaciones
diferentes.