Verdaderamente no es posible imaginar un recorrido
histórico que sintetice mejor la evolución del arte
europeo, con su riqueza de variantes y matices,
que la red de itinerarios y enlaces peregrinos entre
Roma y Santiago de Compostela, desde los orígenes
del románico al final del barroco. Precisamente,
románico y barroco, como extremos artísticos de
este recorrido por los caminos de Santiago, resultan
particularmente representativos de Galicia y profusamente
representados en su tramo final a través de los
cuatro itinerarios que cruzan, en el corazón de
esta tierra, los valles altos del Ulla y del Tambre.
Y con frecuencia, ambos estilos se combinan en simbiosis
sorprendentes en las que la humilde tosquedad del
románico se funde o se recubre con la ostentosa
filigrana de un barroco que aquí tiene nombre y
matices propios, el barroco compostelano de placas.
Pero es necesario destacar otra característica del
arte de Galicia, particularmente presente en esta
zona. Es la riqueza y abundancia de manifestaciones
de arte popular: pequeñas iglesias rurales, capillas
y pazos de la antigua hidalguía local, junto con
un variadísimo y genuino conjunto de casas, de construcciones
adjetivas (hórreos, palomares y muros) y de creaciones
de carácter devocional de fuerte valor etnográfico
y antropológico, caso de los cruceiros y “petos
de ánimas”(dedicados a las “ánimas” del purgatorio)...,
elementos todos que con frecuencia se combinan en
conjuntos verdaderamente singulares. Un rico patrimonio
inmaterial de leyendas, tradiciones, ritos y lugares
de valor emblemático o simbólico completa el panorama.
Ciclos del año y de la naturaleza y etapas de la
propia vida humana, festejos y romerías, celebraciones
o conmemoraciones, a veces con fuertes componentes
rituales de sabor ancestral..., se complementan
con elementos de tradición peregrina y jacobea particularmente
asociados a algunos lugares de los Caminos (Leboreiro,
Ponte Furelos, Melide, Ribadiso y Arzúa, Sobrado,
Pico Sacro...). El Monte del Gozo, ya a las puertas
de Santiago, es el más emblemático de estos lugares,
hoy transformado en magno complejo de acogida (unos
5.000 alojamientos y múltiples servicios) y en auténtico
lugar de encuentro de peregrinos y de estos con
visitantes, turistas y población de Santiago.